Café a media mañana en la oficina. Estamos en el bar de la esquina y en la televisión, como Dios manda, tienen TeleMadrid. Es el único bar a 500 metros, si no, de qué. Sentados en la mesa varios compañeros de trabajo. En las noticias sale la medida populista que el gobierno va a tomar ahora que se han dado cuenta que muchos de los inmigrantes a los que han dejado sin atención sanitaria pueden votar en las municipales. Obviamente la noticia es tratada con un sesgo que da repugnancia, pero dado que es TeleMadrid esto ya lo doy por sobreentendido. En un momento dado sale el titular:

800.000 sin papeles tendrán derecho a atención sanitaria

En ese momento un tipo, compañero de trabajo pero ahora entenderán por qué le rebajo a la categoría de “tipo”, salta con los siguientes argumentos:

Me parece indignante que haya 800.000 sin papeles. No debería haber ni uno

Si yo me voy a trabajar a Suecia tengo que tener papeles

Dijo más cosas, pero por el estilo, y creo que como muestra dan una buena idea del nivel argumental.

Parece ser que la gente solo emigra por gusto. Se ve, o eso dan a entender con estos argumentos, que el que viene a España y se juega la vida con las concertinas, en una patera, un cayuco o con la guardia civil a nado lo hace porque quiere. Unos hacen parapente, otros ciclismo y otros saltan fronteras de 8 metros de altura llenas de pinchos y cuchillas. Como si todas las personas que vienen lo hicieran porque en su país natal se aburrieran o no tuvieran otra cosa mejor que hacer que cruzar un mar, o dos, o andar por un desierto para irse a otro país.

Porque, claro, este tipo en ningún momento se ha planteado el hecho de que la persona que emigra a España puede no estar en la misma situación en la que estaría él si mañana decidiera emigrar a Suecia. Como él es un blanco de “clase media” (perdón por el término tan poco apropiado y manido) y con preparación que se plantea el hipotético caso de emigrar a un país dentro de la UE, asume que todos los sudamericanos y africanos que vienen a España están en una situación equiparable. La ignorancia extiende cheques que las argumentaciones no pueden pagar.

Ni se plantea que el que emigra lo hace huyendo de la pobreza, del hambre o de la guerra. Ignorante como parece ser él, ni siquiera piensa en la desesperación que lleva a una persona a dejar atrás la tierra donde nació, a su familia y amigos, a cambio de un futuro incierto.

Parece, también, que desconoce esta gente con argumentos tan sesudos y de “Todo a 0,25 €” que una persona migrante que tiene papeles puede llegar a perderlos a pesar de haber estado viviendo y trabajando en España de “forma legal” durante varios años. Claro que lo desconocen, porque la ignorancia es atrevida. Si supieran este extremo tampoco harían esas afirmaciones tan ligeras.

Pero no hay opción al diálogo. En ningún momento de la conversación se quiso apear del burro y se dedicó a repetir, una y otra vez, sus argumentaciones de baratillo. ¡¡Como para hablar con él sobre la abolición del estado y de las fronteras!!

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