Decidido, dejo el movimiento asambleario

Lo dicho. He visto la luz y he decidido que dejo el movimiento asambleario. Y no solo es que lo deje, es que además me voy pegando portazo. Y esta es la naturaleza de este texto, pegar un buen portazo porque estoy hasta el lenguaje inclusivo de las asambleas y toda esa parafernalia.

Estoy hasta el gorro de las asambleas, para empezar. ¿Qué es eso de que nos tengamos que juntar todos los meses la gente del colectivo para tomar decisiones? Es que, encima, perteneciendo a varios colectivos, la primera semana del mes la paso de asamblea en asamblea. ¿Se imaginan una asamblea de 6 horas para decidir la posición que debemos tener como colectivo frente a una veintena de situaciones diferentes? Qué será lo siguiente ¿hacer asambleas para decidir si hay que comprar folios? Nada, a la mierda. Yo no quiero tener que tomar decisiones constantemente, prefiero que el aparato y el líder las tomen por mi, que para eso les elegimos en 1937 y han sabido darse el relevo sabiamente desde entonces hasta llegar a hoy.

Estoy hasta los cojones del lenguaje inclusivo. Si, que pasa. A ver; si las tías no se sienten incluidas cuando digamos que algo es cojonudo u ofendidas cuando digamos que el enemigo del partido es un hijo de puta que se vayan a las asambleas esas de comeflores y abrazaballenas. Además, si el aparato está formado al 80% por hombres y todos los sabios líderes que hemos han elegido desde el principio de los tiempos han sido hombres, por algo será.

Y esa es otra. Elegir de vez en cuando quien se hace cargo de esta o aquella otra tarea. Tener que elegir a gente que no solo no puede tomar decisiones sino que además tiene que ceñirse a lo que se haya decidido previamente en la asamblea. Eso no es operativo, joder. Así pasa que hay que decidir donde comprar el tóner de la impresora y mientras se convoca la asamblea tenemos que imprimir con una linotipia. Que no, que aquí el aparato, sabiamente elegido por el líder del partido, es el idóneo para designar al sustituto del líder cuando este falte. Si este sistema lleva funcionando 2000 años en el Vaticano no se por qué vamos nosotros a tener que reinventar la rueda.

Y espera, que hay más, que a veces se presentan varias personas para un mismo cargo ¡¡y hasta se impide que una persona que lleva ocho años en un puesto se vuelva a presentar!! ¿Pero qué puta locura es esa? Luego no se hace más que discutir sobre si elegir a uno o a otro. Nada, nada. Lo que hay que hacer es que se que el aparato decida LA lista que se presenta. Habiendo una sola lista no hay discusión que valga. Tanto discutir para nada, para terminar encima mal.

Otra es que en las asambleas todo el mundo se cree con derecho a hablar. Desde el recién llegado hasta el que lleva veinte años tienen las mismas opciones de presentar su posición respecto de un texto o un acuerdo. Si hombre, a ver si ahora va a tener el mismo derecho el nuevo que el compañero que lleva quince años ganándose su puesto en el seno del partido a base de comidas y de invitar a almuerzos, de grandes sacrificios ayudando al líder a mantener su modesto chateau en Fontenbleau y otras cosas igual de útiles para el partido.

Ahora mismo no se me ocurren más cosas, pero tranquilos que volveré a escribir, seguro, sobre este y otros temas*. Así que nada, lo dicho. No me volvéis a ver por una asamblea de esas de hippies.

*previa autorización de la Comisión Organizativa para la Difusión del Ideario del Partido y de nuestro Amado Líder Superior y revisión de ésta, claro

 

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