Caza de brujas

El encarcelamiento de los dos titiriteros de la compañía “Títeres desde abajo” no tiene otra definición que “caza de brujas”. Echar un vistazo al auto que les ha mandado a prisión es un ejercicio de contención propio de gente muy templada y con nervios de acero. El texto del auto del juez deja claro que no iban a por ellos de forma casual, “porque un padre se sintió ofendido y les denunció”. No cabe duda que el denunciante estaba ahí, justamente, para denunciarles ante la policía. Algo parecido a lo que hizo el ABC contra el espectáculo de Leo Bassi “Revelación”.

No les mandan a la cárcel solamente porque durante la obra saliera un cartel con el texto “Gora Alka-Eta” descontextualizando la pancarta al extraerla de la obra. En el mismo auto se hace referencia a que en el cartel de la obra se veía la portada de un libro llamado “Contra la democracia” escrito por “Grupos Anarquistas Coordinados” y que, por tanto, comulga con lo que dice el libro. En este caso el juez actúa como lo hacía Tomás Moro, mandando a la hoguera a todo inglés que tuviera en su poder una biblia traducida del latín a su lengua materna. El juez no entra a valorar si los dos titiriteros habían intentado “derrumbar” la democracia poniendo bombas; les manda a la cárcel por poner, en un cartel, una portada de un libro. Eso es asunto suficiente para enviarles a la hoguera.

No les voy a aconsejar que se lean el libro pero se lo pueden descargar de aquí. Y no se lo recomiendo no porque les vaya a entrar unas irrefrenables ganas de quemar cosas bonitas y poner petardos gordotes con su lectura, no. No se lo recomiendo porque no es sencillo de leer, porque para mi gusto no es todo lo bueno que debiera para la fama que tiene y porque tiene un par de patadas considerables a la historia de la Grecia clásica. Ese libro es una crítica a esta cosa que llaman democracia pero que no lo es. Es una crítica a este sistema representativo basado en que el pueblo no gobierna, sino que delega la decisión en una gente que lo hace en su nombre. Y no, no dice como poner bombas, ni tiene un callejero con objetivos contra los que atentar ni nada de eso. Es un simple tratado político más, del montón, sobre la democracia.

Pero este juez decide que ya no solo haber escrito el libro es constitutivo de terminar ante el Santo Oficio. Leerlo es delictivo, difundirlo es delictivo y poner la portada en un cartel es delictivo. Es, simplemente, una locura de proporciones bíblicas (por continuar con la referencia al quema herejes Tomás Moro, santo patrón de los Políticos y Gobernantes). No hay duda que es una caza de brujas contra el movimiento libertario; los más de 20 detenidos que llevan ya acusados de poner aquel petardo en la basílica del Pilar de Zaragoza que luego se ha demostrado, una y otra vez, que eran inocentes. No es más que otro paso en la represión contra las personas que militan en organizaciones anarquistas amparándose en una ley “antiterrorista” promovida y ampliada por PP + PSOE en la que cabe todo. ¿Todo? Bueno, no, el franquismo, por ejemplo, no cabe. Es, sólo, un traje a medida de la disidencia, que se ensancha o estrecha para meter dentro solamente a aquello que se quiere silenciar. Que a falta de un nuevo caso Scala buenas son tortas

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