Unas breves notas sobre religión

Voy a poner unas breves notas sobre las religiones que pueden servir, o no, para el debate sobre la imposición y/o uso de símbolos religiosos(1) en la vida pública.

Empecemos por hacer un poco de historia y recomendarles un buen libro: “El cercano oriente” de Isaac Asimov. Asimov a parte de escritor de culto de Ciencia Ficción fue un buen divulgador con bastante gusto y conocimiento por la historia antigua. En este libro habla de la aparición de las primeras civilizaciones de la época pre-histórica; civilizaciones en las que surgieron cosas que tanto han marcado a las civilizaciones actuales como la escritura, la legislación, el estado, la jefatura del estado y, tachán tachán ¡¡las religiones!! Porque si, las religiones, sin estado, legislación y poder, no tenían mucha utilidad. Las religiones que aparecen en Babilonia, Sumeria, Acadia, etc, son parte del poder, se alimentan de él y lo sustentan: el rey es un elegido de los dioses, cuando no directamente un dios, y por tanto ha de ser respetado. También están al lado del poder económico y cultural, ya que son los sacerdotes de estas primeras civilizaciones los que se encargan de controlar los graneros de las ciudades, contar y escribir las partidas que entran y salen de ellos, etc. Además aparecen los primeros relatos religiosos.

Hagamos un primer inciso; toda religión que se precie ha de tener tres componentes:

  • Un cuerpo teológico: en el que creer, normalmente un dios y su panda de amigos
  • Una jerarquía: que es la que media entre los humanos y los dioses
  • Unas normas de obligado cumplimiento: que son dictadas por el dios y escritas e interpretadas por la jerarquía.

Sin alguna de estas tres patas no estaríamos hablando de una religión como tal. Si mira las religiones imperantes a día de hoy todas ellas tienen estos puntos; salvo los protestantes que el tercero no lo cumplen del todo ya que dejan la interpretación de la biblia a todos los integrantes de la iglesia, no como los católicos que lo restringen a los sacerdotes.

Así pues tenemos a las religiones, que nacen en la “media luna fértil” de los ríos Tigris y Éufrates, a la vez que las primeras civilizaciones, la escritura y la primera legislación escrita de la que tenemos constancia: el código de Hammurabi.

Las religiones se expanden y se contraen a la par que las civilizaciones que las sustentas (y en las que creen). Hay religiones que se mantienen a día de hoy, como el culto a Ahura Mazda, que tiene sus inicios en lo que ahora es Turkmenistán hace cuatro mil años. Otras han desaparecido completamente, como el culto a Marduk. Y algunas nos han llegado muy muy muy modificadas a nuestros días, como el culto a Mithra, del que beberá el cristianismo convirtiendo en fecha santa por antonomasia el solsticio de invierno.

Así pues las religiones van de la mano de los gobernantes de las civilizaciones desde el principio. Las primeras religiones sirven como “legislación” ante los pobladores. ¿A quién vas a hacer más caso, a un rey que ha sido elegido por Dios o a un Dios que propicia que llueva, que haya sequías o que tu ganado se muera porque eres un maldito pecador? ¿Eh? Así nacen textos como el Levítico, libro que es común a judíos, cristianos y musulmanes y forma parte del Pentateuco, que no es más que un código penal muy primitivo(2)

Así llegamos a nuestros días, después de esta breve introducción. En nuestros días las religiones mayoritarias en torno al mediterráneo son dos: cristianismo (en todas sus vertientes) e islam (en todas sus vertientes), que tienen la cualidad de ser primas y proceder las dos de la religión judía.(3) Estamos pues ante tres religiones que se fundamentan en unos libros que contienen una “legislación” bastante primitiva escrita hace tres mil años y orientada a ser entendida y cumplida por un pequeño pueblo de pastores nómadas que vivían en medio de un cochino desierto y que eran zarandeados de un lado a otro por todas y cada una de las civilizaciones que pasaron por aquella piedra podrida que hoy es Jerusalém. Estamos pues ante tres religiones claramente machistas y heteropatriarcales, misóginas, basadas en unos mandamientos irracionales en la época actual(4). Y la lista de mandamiento es extensa.

Así pues, en el tema del velo, estamos hablando de una imposición religiosa basada en unos textos anacrónicos.

– Pues prohibamos esa religión
– Y las demás religiones también ¿no?
– ehhhhmmmm… ¿y tódo lo que ha hecho el catolicismo por nuestra cultura?

Bueno, si y no. Vamos a abrir un breve paréntesis y ahora pasamos a hablar sobre por qué es una inmensa idiotez prohibir las religiones.

El paréntesis es el siguiente: el catolicismo no impulsó las obras de arte. Al contrario: en el Concilio de Trento se prohibió, so pena de excomunión, la representación artística de motivos no religiosos o regios (no en vano los reyes eran designados por Dios). De ahí que pintores como Zurbarán, El Greco, Velazquez, etc solo representaran a la corte o a temáticas militares, religiosas o mitológicas. Si quiere ver arte laico de la misma época tiene que ir a los países de mayoría protestante.

¿Y por qué es una idiotez prohibir las religiones y, por extensión, sus representaciones en la vía pública?

Pues porque crea el efecto contrario. Si tú me prohíbes mi religión, en la que tampoco es que crea mucho pero es la que me han enseñado mis padres y los pobres se están llevando un disgusto, te voy a responder siendo más religioso. Si prohíben el pañuelo, lo llevaremos como sinónimo de libertad, de nuestra libertad. Y así, todo. Así convertimos en sinónimo de lucha por la libertad una imposición heteropatriarcal de la era del bronce.

Y lo sé porque yo me pasé mucho tiempo discutiendo con católicos de los dos lados del Atlántico en foros de ateos y de católicos y fue la mayor pérdida de tiempo: porque lo enfoqué mal. La confrontación es respondida con una reafirmación visceral. Si tú te ríes de mis representaciones religiosas llamándola “moñecos” yo pondré una figurita de San Pancracio en el frontal de mi coche. Si me impides entrar con velo, aunque yo antes no lo llevaba, ahora lo llevaré solo por fastidiarte.

¿Pero las mujeres musulmanas eligen libremente llevar velo? Probablemente no. Ni aunque digan que lo han elegido, pues existe un poso religioso. ¿Eligen libremente los católicos practicantes casarse por la iglesia? Pues seguramente tampoco: de hecho es un sacramento de obligado cumplimiento. ¿Elige un hijo de católicos ser católico de forma voluntaria? ¿Y el hijo de musulmanes? ¿Y el de zoroastrianos? Pues seguramente no. Lo hace por tradición, por enseñanza paterna, porque si no va a los ritos su padre le calza una hostia o porque si van le comprarán zapatos nuevos y le llevarán a comer con sus abuelos, que cocinan que te chupas los dedos de bien. No hay libre elección.

Entonces ¿qué?

Ignorar aquellas imposiciones religiosas que no vayan contra la salud y libertades individuales de los afectados: esto es, criminaliza la práctica de la ablación pero no a las personas que la sufren. Persigue al que impide que su hija vaya al colegio obligándole a llevarla él mismo, no poniéndole multas.

Notas al pie:

1- Voy a intentar tratar todos los símbolos religiosos por igual, aunque está claro que hay algunos infinitamente más degradantes que otros: la ablación, por ejemplo.

2- Por si interesa su lectura, hay que tener en cuenta que la biblia tiene múltiples traducciones. En el mundo anglosajón la más utilizada es la “Rey Jacobo” y en España la “Nácar-Colunga”. Hay, por lo tanto, variaciones en versículos en función de la traducción que utilices http://www.iglesia.net/biblia/libros/levitico.html

3- No solo los cristianos tienen toda la Toráh en el Antiguo Testamento, es que la misma raíz del cristianismo es una secta judía abierta a los no-judíos que fue mutando y adquiriendo relevancia en el imperio romano hasta que el emperador Constantino la nombró como “oficial” en el concilio de Nicea.

4- La prohibición de comer cerdo tiene un doble motivo: por un lado el cerdo no es pastoreable como lo es el cordero, con lo que a los nómadas les provoca un problema. Por otro es un animal con mucho apetito y que, si no tiene comida, se comerá el sustento del humano que lo cuida, no como los corderos que con raíces polvorientas se bastan y se sobran.

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